Memoricidio

(2025/01) Símile núm. 58, Símile 2ª època

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Una sola voz o cerca de 1.000 palabras no pueden acallar el ruido de las detonaciones de las bombas o cubrir el llanto de un niño asustado o el de un padre destrozado. Tampoco puede una sola voz levantarse sobre las ruinas de las casas, escuelas, hospitales o bibliotecas, archivos y museos. Esa imposibilidad no menoscaba la obligación de alzar la voz y de dar forma de palabra a la injusticia y la masacre.

A fecha de hoy, que escribo estas pocas palabras con voz casi inaudible, han sido asesinados en Gaza más de 66.000 personas, de las cuales cerca de 20.000 son niños y niñas, según fuentes oficiales. El 92% de los hogares han sido destruidos o dañados severamente, el 90% de la población ha sido desplazada y el acceso a comida o agua potable es prácticamente imposible.

A estos datos, ya de por sí insoportables cabe unir, como un aspecto más de lo que bajo cualquier concepto es un genocidio, la destrucción de bibliotecas, archivo y museos en la Franja de Gaza, en lo que supone, no sólo una aniquilación de la vida y de las infraestructuras que la soportan sino también la destrucción con fines de olvido de toda la memoria de un pueblo y de aquellos instrumentos que permiten un pensamiento crítico y por tanto una libertad individual y, por tanto, el crecimiento personal y colectivo de toda una comunidad. El memoricidio, en definitiva, como una forma más de aniquilación.

Sin tratar de ser completamente exhaustivo y tan sólo como ejemplo de esta barbarie, podríamos decir, de acuerdo a diversas fuentes que entre las bibliotecas destruidas por el ejército israelí cabe citar la Biblioteca Ataa en Beit Hanoun, creada al amparo del IBBY (International Board on Books for Young People) y cuya misión principal era el desarrollo de capacidades educativas y psicológicas en los niños y niñas más desfavorecidas. El 28 de julio de 2014, un misil lanzado desde un F16 delas Fuerzas Aéreas israelíes destruyó completamente el edificio.

Otra biblioteca completamente destruida es la Diana Tamari Sabbagh, en el Centro Cultural Rashad al-Shawa, en Ciudad de Gaza. El 25 de noviembre de 2023, la biblioteca fue arrasada y con ella decenas de miles de libros. Como dato tristemente anecdótico podemos decir que este centro cultural fue sede de las conversaciones de paz entre el presidente de Estados Unidos Bill Clinton y el presidente de la OLP Yasser Arafat.

Dos días después de la destrucción del edificio del Centro Cultural Rashad al-Shawa y de su biblioteca Diana Tamari Sabbagh, la Biblioteca Municipal de Gaza fue bombardeada destruyendo sus instalaciones y con ellas miles de libros y documentos históricos. Las autoridades gazatíes apelaron a la UNESCO para que “intervinieran y protegieran los centros culturales y condenaran el objetivo de ocupación de estas instalaciones humanitarias protegidas por la legislación internacional”. No fue el caso.

Apenas dos semanas después, el 6 de diciembre, las bibliotecas Lubbud y al-Nahda fueron objetivo de las Fuerzas Armadas israelíes que las arruinaron por completo junto con todas sus colecciones.

No son las únicas bibliotecas y centros culturales destruidos por las bombas del ejército israelí. En un informe preliminar de la Asociación Librarians and Archivists with Palestine que recoge los daños sufridos por entidades culturales entre octubre de 2023 y enero de2024, es decir que cabe esperar que sean muchas más a fecha de hoy, se citan, además de las ya nombradas, las bibliotecas de Edward Said en Beit Lahia, Enaim, Al-Kalima que es, a su vez, una editorial; la biblioteca del Instituto para el Desarrollo Educativo Kana’an; la biblioteca y librería Samir Mansour o las bibliotecas universitarias de Al-Aqsa o la de la Universidad Islámica de Gaza, entre muchas otras.

Fotografia de Mohamed Dahman

Fotografía de Samir Mansour

 

 

 

 

 

 

 

Pero no sólo las bibliotecas son objetivo militar de las fuerzas de ocupación israelíes. También los archivos, como el de la mezquita Omari o los Archivos Centrales de la Ciudad de Gaza han sido destruidos. O museos como el Museo Akkad, El Museo Cultural Kararah, el Museo Deir Al-Balah, el Museo de Rafah, etcétera.

Bajo las ruinas de estos centros, hay que contar con los nombres de personas vinculadas a la cultura, las artes o la información que han sido asesinadas como Abdul Karim Hashash, escritor y defensor del patrimonio palestino, coleccionista de libros raros palestinos; Bilal Jadallah, director de la agencia de noticias Press House; la bibliotecaria de la Biblioteca Edward Said, Doaa Al-Masri que fue asesinada junto a sus padres y hermanos o Marwan Tarazi, archivero de Photo Kegham.

No son sólo nombres de personas o de instituciones, son los ecos de un olvido constituido como un fin en sí mismo, como parte fundamental de un objetivo inhumano que persigue la desaparición total de todo un pueblo y de su memoria para erigir sobre sus ruinas las estructuras políticas y culturales del supuesto pueblo elegido.

Referencias

 

Autor: Fernando Víctor Mahiques Sáenz

Diplomado en Biblioteconomía por la Universidad de Murcia (1997) (Premio Especial Final de Carrera), Licenciado en Documentación por la Universitat Politècnica de València (2000), Técnico de la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Benidorm (2016), Técnico de Patrimonio Histórico y Cultural del Ayuntamiento de Benidorm (2019).

 

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