Vigilancia Tecnológica: Experiencia como formadora en línea en el COBDCV

 

 

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La formación en línea tiene lo bueno de poder ofrecer cursos a personas geográficamente dispersas. Gracias, en este caso a la plataforma Moodle, es muy sencillo e intuitivo.

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Tiene la contrapartida de que no se ve “físicamente” a los alumnos, no están conectados al mismo tiempo y el esfuerzo de dinamización es mucho más grande.

Por mi situación laboral, reconozco que para mí es muy cómodo dar cursos en línea. Pero siempre que los doy me sucede lo mismo. Siento una sensación de vértigo. ¿Será suficiente el material? ¿Está claro y se entenderá? ¿Cómo les está pareciendo?

El primer día trato de que todos nos presentemos. En 24-48 horas todo el mundo debería darse a conocer. Y aquí ya aparece primer punto de inflexión. A partir de esta presentación hay personas que desaparecen (literalmente). Hay dos tipos de desapariciones, la tipo Copperfield, que es la desaparición completa e indefinida, y por otro lado está la desaparición tipo Guadiana, personas que pueden llegar a aparecer en un par de ocasiones a lo sumo.

Realmente es lo que menos me gusta de los cursos On-Line. ¿Por qué esas personas ya no vuelven a aparecer? Será que les asusté, que se equivocaron de curso, una catástrofe mundial???… Por mi cabeza se pasan todo tipo de justificaciones. Pero nunca he llegado a ninguna conclusión.

En fin, me estoy desviando un poco del tema. Voy a tratar de encauzarlo.

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Acabo de terminar de impartir un curso de “Introducción a la Vigilancia Tecnológica” en el Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana. Un Colegio tan activo en todo, que incluso aquí, en la esquina del Noroeste peninsular, lo conocemos. Gente profesional, activa, amable, implicada y sobre todo trabajadora. Ha sido toda una experiencia. Una gran experiencia.

En fin, que yo de lo único que sé es de Vigilancia. Es a lo que me llevo dedicando toda mi vida profesional (que cada año que pasa es más dilatada…..). Francamente, no sé si por labor de difusión, o porque es un tema que tiene tirón, se apuntó un gran número de personas. Profesionales documentalistas, gestores de información, bibliotecarios, etc. Cuando vi la lista me quedé abrumada. Pensé: ¿todas estas personas han pagado por este curso?

La Vigilancia Tecnológica es una de las salidas más desconocidas de nuestra profesión. Este verano asistí en la UDC a la presentación del nuevo Grado de Gestión Digital de Información que se ha empezado a impartir en Ferrol (en este enlace podéis ver lo que me pareció). Las facultades de Documentación (salvo honrosas excepciones) no tienen ningún programa adaptado a estos puestos de trabajo. Las empresas no demandan un perfil como el nuestro. Y nosotros, ahí estamos, dale que dale reivindicando un papel que no está reconocido por nadie.

Y en este punto estoy; intentando reflexionar al respecto y tratar de mirarlo desde todos los puntos de vista posibles.

Sé que las empresas necesitan documentalistas. Podría enumerar bastantes razones por las que somos necesarios. Cada una de ellas podría ser rebatida con mayor o menor dificultad por un empresario. ¿Porqué un documentalista y no un ingeniero industrial, o un químico o un farmacéutico o un administrativo???

Como decía Marcos Ros: “La búsqueda de empleo para los profesionales de la información no es sencilla teniendo presente el práctico desconocimiento que tiene la sociedad de nuestras funciones y posibilidades”

La vigilancia tecnológica toma de las ciencias de la información y documentación las técnicas propias de recogida y análisis de la documentación científica, el almacenamiento de la información en ella contenida, y la recuperación y difusión de la misma. Lo mismo que ha hecho toda la vida un archivero o un bibliotecario. Lo que cambia es el entorno y las fuentes.

El auge de los sistemas de Vigilancia Tecnológica supone una oportunidad para los profesionales de la información, que tienen dos retos: incorporar y valorizar los conocimientos y técnicas propias de las ciencias de la información y documentación; y poner en valor ante la sociedad la calidad del trabajo documental, amenazado por la irrupción de neologismos y denominaciones que enmascaran técnicas tradicionales de la profesión.

Y así es, como las Escuelas de Ciencias de la Documentación y las facultades de Biblioteconomía han dejado escapar un tren que estaban esperando otros colectivos y que han sabido aprovechar e incorporar a sus programas lectivos.

Aunque he de decir que aplaudo esperanzada después de ver como un Colegio Profesional ha sabido llegar hasta todos los rincones de la península. Mi más sincera enhorabuena.

Autora: Lara Rey.

Licenciada en Geografía e Historia, especialidad en Biblioteconomía y Documentación (1997) tiene una amplia formación postgradual en materias relacionadas con la gestión de Información, Tecnologías de la Información y Comunicación, Vigilancia Tecnológica y Propiedad Intelectual. Es en la actualidad responsable de la Unidad de Vigilancia Tecnológica de Ferroatlántica I+D (Grupo FerroGlobe PLC). Ha impartido como profesora invitada los módulos de Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva de varios cursos de postgrado.
Su carrera profesional se ha desarrollado tanto en la empresa privada como en la administración pública y ha participado en varios proyectos de Implantación de Sistemas de Vigilancia Tecnológica.

E-mail: lara.rey@gmail.com

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