Desinformación, IA y el poder de las bibliotecas: nuestra experiencia en los campamentos de refugiados saharauis

(2026/05) Símile núm. 59, Símile 2ª època

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En 2024, dentro del programa Gestors d’Informació en Acció (GIA) nació el proyecto titulado «Formació contra la desinformació del personal bibliotecari de la xarxa de biblioteques Bubisher. Alfabetització mediàtica».

El objetivo era formar al personal de las bibliotecas Bubisher, proporcionarles herramientas y recursos prácticos para identificar noticias falsas y contenidos engañosos, comprender cómo circula la desinformación a través de Internet y las redes sociales y, posteriormente, poder trasladar estos conocimientos a las personas usuarias de sus bibliotecas.

Detrás de la propuesta había una idea sencilla: las bibliotecas no solo facilitan el acceso a la información. También pueden ayudar a interpretarla, contrastar y valorar si aquello que recibimos y compartimos es fiable. Una función que cobra todavía más sentido en un momento en el que buena parte de la información nos llega directamente al teléfono móvil y en el que la inteligencia artificial hace cada vez más fácil crear contenidos difíciles de distinguir de los reales.

Bubisher: bibliotecas que son nidos

La red de bibliotecas y bibliobuses Bubisher nació en 2008 con el objetivo de reforzar y recuperar el uso del español en los campamentos de refugiados saharauis a través de la lectura y de distintas actividades educativas y culturales. Desde entonces, las bibliotecas han ido ampliando su papel y se han convertido también en espacios de encuentro, aprendizaje y convivencia para las comunidades de las que forman parte.

Estas deben su nombre al bubisher, un pequeño pájaro del desierto cuya llegada anuncia buenas noticias. Durante nuestra estancia, Mina Mohamed, bibliotecaria de Smara, nos explicó que cada biblioteca representa un nido para ese pájaro: un lugar de acogida y reunión para quienes viven en las dairas[1] y, muy especialmente, para los niños y niñas.

Para preparar y desarrollar esta experiencia, contamos con la colaboración del equipo de Bubisher en España, que nos ayudó a preparar la estancia y a coordinar la actividad con las bibliotecas de los campamentos.

Formar para combatir la desinformación

En abril de 2025 viajamos a los campamentos de población refugiada saharaui de Tindouf, junto con Borja Fuster, bibliotecario de Potries, que nos acompañó y apoyó durante el desarrollo del proyecto en calidad de socio de Bubisher.

El plan de trabajo se centró en la realización del taller “¡Que no te engañen! Noticias falsas e inteligencia artificial” en cuatro de las cinco bibliotecas de las wilayas[2]: Smara, El Aaiún, Bojador y Auserd.

El proyecto se había planteado inicialmente como una formación dirigida al personal bibliotecario y docente. La idea era que fueran ellas quienes, una vez finalizada nuestra estancia, pudieran transmitir lo aprendido a las personas usuarias. Sin embargo, nada más llegar, las propias bibliotecarias de Bubisher nos propusieron ampliar los grupos e incorporar también a alumnas de diferentes centros formativos de la zona y por ello adaptamos el planteamiento inicial a estas necesidades. Este cambio, surgido directamente de las necesidades que encontramos sobre el terreno, acabó enriqueciendo el proyecto y permitió que la formación llegara a un público más amplio.

Finalmente realizamos siete sesiones teórico-prácticas del taller. En él hablamos de qué son las noticias falsas, cómo se crean, cómo se difunden y por qué. También reflexionamos sobre una cuestión fundamental: con frecuencia somos nosotros mismos quienes, sin ser conscientes de ello, contribuimos a su propagación al compartir información sin comprobar previamente su veracidad. Intentamos trabajar siempre con ejemplos cercanos a la realidad cotidiana de las participantes y, sobre todo, dar un peso importante a la práctica.

Los propios teléfonos móviles se convirtieron en nuestra principal herramienta de trabajo. A través de ellos realizamos ejercicios para comprobar la procedencia y fiabilidad de determinadas informaciones y utilizamos herramientas sencillas para detectar posibles contenidos falsos o manipulados. Buscábamos recursos accesibles, que no necesitaran conocimientos técnicos previos y que las participantes pudieran seguir utilizando una vez terminado el taller.

La inteligencia artificial ocupó también una parte de las sesiones. Nos interesaba hablar de sus posibilidades, pero también de los problemas que plantea en relación con la información. La facilidad con la que hoy se pueden generar textos e imágenes aparentemente reales añade nuevas dificultades a la hora de saber qué podemos creer y qué debemos comprobar antes de compartir.

Las sesiones fueron muy participativas. Surgieron preguntas, ejemplos y situaciones que no habíamos previsto y que nos obligaron, en ocasiones, a adaptar sobre la marcha los contenidos que llevábamos preparados. Esa interacción fue una de las partes más interesantes de la experiencia.

Una experiencia compartida

El papel de las bibliotecarias de Bubisher fue imprescindible. Ellas organizaron los grupos, facilitaron los espacios, realizaron la traducción simultánea cuando fue necesaria y, sobre todo, nos ayudaron a adaptar la formación a la realidad de cada lugar.

La acogida de los talleres fue muy positiva. Tanto las bibliotecarias como las participantes valoraron especialmente poder acceder a una formación relacionada con la alfabetización informacional y las nuevas tecnologías. Nos comentaron que buena parte de las acciones formativas que reciben están vinculadas a cuestiones sanitarias o domésticas, por lo que abordar la desinformación, el uso crítico del teléfono móvil o la inteligencia artificial suponía acercarse a contenidos diferentes y, al mismo tiempo, muy presentes en su vida cotidiana.

Nuestra estancia tampoco se limitó a la formación. Tuvimos la oportunidad de participar, junto al personal de Bubisher, en actividades de animación y fomento de la lectura dirigidas a niños y niñas y de acompañar algunas de las salidas de los bibliobuses a las dairas más alejadas.

Estas salidas nos permitieron conocer otra dimensión del proyecto. El bibliobús es esencial en un territorio marcado por las grandes distancias. Compartir parte de ese trabajo cotidiano nos ayudó a comprender mejor la capacidad de Bubisher para adaptar los servicios bibliotecarios a las necesidades y particularidades de cada comunidad.

Antes de regresar dejamos en cada una de las bibliotecas una carpeta con los contenidos, materiales y recursos utilizados durante las sesiones, para que pudieran reutilizarlos y adaptarlos a nuevos grupos. También hicimos llegar el material a la biblioteca de Dajla, la única de las cinco a la que no pudimos desplazarnos debido a la distancia.

Desde el principio queríamos evitar que la formación terminara con nuestra marcha. Por eso, probablemente uno de los resultados que más valoramos llegó tiempo después.

Un año más tarde seguimos en contacto con Suadu Mahsan, bibliotecaria de El Aaiún. Nos ha contado que continúa realizando el taller con nuevos grupos de mujeres y que una de las partes que más interés despierta es precisamente la más práctica: aprender a utilizar herramientas desde el propio teléfono móvil para comprobar informaciones y detectar posibles noticias falsas.

Saber que aquellos materiales siguen utilizándose da sentido a uno de los objetivos con los que iniciamos el proyecto: proporcionar herramientas que las propias bibliotecarias pudieran hacer suyas, adaptar y transmitir.

La experiencia en los campamentos saharauis también nos llevó a mirar nuestro propio trabajo desde otra perspectiva. Evidentemente, las circunstancias y los recursos de una biblioteca municipal de València y los de una biblioteca en los campamentos de Tindouf son muy diferentes. Pero hay algo que comparten: la confianza que las personas depositan en ellas.

En un momento en el que recibimos y compartimos información de forma casi constante, esa confianza adquiere un valor especial. Las bibliotecas pueden prestar libros, facilitar el acceso a Internet, organizar actividades o acercar la lectura allí donde no llega. Pero también pueden proporcionar herramientas para preguntarnos quién está detrás de una información, comprobar si es cierta y pensar antes de compartirla.

Frente a la desinformación y a los nuevos retos que plantea la inteligencia artificial, esa función quizá sea hoy más necesaria que nunca. Porque, en un mundo en el que cada vez resulta más difícil distinguir qué es cierto y qué no, las bibliotecas siguen teniendo mucho que aportar.

 

✴️ Fotos de la experiencia en Flickr

 

Laura Albalat Manzano es jefa de sección de las Bibliotecas Municipales del Ayuntamiento de València, donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional como técnica de gestión del patrimonio histórico y cultural en el ámbito bibliotecario.

Es miembro del COBDCV, donde ha formado parte de diversas comisiones profesionales, entre ellas “La biblioteca como agente social”.

Marta Furió Diego es técnica de gestión de patrimonio histórico y cultura del Ayuntamiento de València. Ha desarrollado su trayectoria profesional en las Bibliotecas Municipales, donde ha desempeñado distintos puestos. En la actualidad, ejerce funciones de coordinación y apoyo en la Sección de Bibliotecas.

 

Bibliografía

[1] La daira o daerah (en árabe, دائرة: círculo; plural: dawair) es una división administrativa en Argelia y en los territorios controlados por la República Árabe Saharaui Democrática.

[2] La wilaya (del árabe wilāyah) es una subdivisión territorial y administrativa equivalente a provincia o gobernación en varios países del norte de África y Oriente Medio, como Argelia, Marruecos y Túnez.

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