Costa Rica… bibliotecas que son ¡Pura vida!

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“Uds. no tienen problemas, uds. tienen circunstancias de vida, pero no problemas”

Eso he aprendido de mi magnífico proyecto GIA (Gestores de Información en Acción), propiciado por el COBDCV junto con un convenio con la Escuela de Bibliotecología de la Universidad de Costa Rica, y que me hizo disfrutar del país, de sus gentes, de su cultura y de sus enseñanzas todo el mes de agosto de 2018.

Un mes para, nunca mejor dicho, imbuirme en la selva del mundo de la lectura, de las bibliotecas, del aprendizaje y del funcionamiento de un sistema bibliotecario que nada tiene que ver con el nuestro. Porque allí, de verdad de la buena, las bibliotecas son ¡pura vida!

Costa Rica es un país pequeño, que huye de los conflictos y que ha peleado por alejarse de la vorágine de violencia que tristemente es un problema común en los países latinoamericanos, aunque la casuística de estos últimos años, y sobre todo de estos últimos meses, con el estado desesperado de los nicaragüenses de los que son vecinos y de trasiego de personas que intentan salir de una vida que nadie merece, han convertido el país en un tumulto de gente buscando un hogar, manifestaciones que reclaman una vida un poco mejor,  y de violencia menor que atemoriza a buena parte de la población.

Muestra de su buen hacer fue la abolición del ejército en el año 1948, y de la decisión de invertir todo el dinero que se destinaba a ello al capítulo de educación. Este hecho ha propiciado que haya un sistema de becas universitarias completísimo, que cubren matrículas, alojamiento y desplazamiento y al que casi todos los alumnos de educación pública pueden acceder de una manera u otra.

Una de las carreras que más han prosperado en estos últimos años, incrementando destacadamente su número de alumnos es, precisamente, la Escuela de Bibliotecología de la Universidad de Costa Rica que además, este 2018, cumple sus 50 años. Y si he aprendido algo de allí es que hay que estar orgullosos de ser bibliotecarios. Fue la primera sorpresa: “la feria de vocaciones”. Alumnos, alumnas y todo el profesorado unidos para mostrar durante tres días qué ofrecían estos estudios, que todavía cuesta pronunciar en algunos casos.

La profesión de bibliotecario es una de las más valoradas económicamente en el país, y la obligatoriedad de la titulación para trabajar en puestos relacionados con la información es otro de los puntos que deberíamos aprender. Incluso para las bibliotecas escolares es necesario ser titulado en bibliotecología.

Ver para aprender. Por ello cuentan con dos especialidades a los que ellos denominan – término que me encanta – “énfasis”: énfasis en bibliotecas educativas y énfasis en “ciencias de la información”.

En la Universidad compartí muchas horas con los alumnos y alumnas y participé con mi experiencia en varias clases de distintos niveles hablando de criterios de selección de las colecciones, las bibliotecas públicas como herramienta en una sociedad multicultural, las bibliotecas públicas como elemento de política informacional o los nuevos roles del bibliotecario/a, entre otros temas.

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Y es cierto que las bibliotecas son importantes en el día a día de las gentes quicas. Porque la vida transcurre en las bibliotecas.

Las bibliotecas son zonas seguras, zonas francas. Zonas donde la comunicación es posible, porque es tranquila. No hay miedos. Solo hay espacios, gente y posibilidades.

Posibilidad de un lugar donde leer a los niños cuentos, difíciles de comprar porque los libros son carísimos y un álbum ronda en torno a los 30 euros que no todo el mundo puede adquirir.

Posibilidad de evitar la soledad,

de seguir aprendiendo,

de utilizar un ordenador,

de exculpar penas, literalmente hablando, pues hay programas de reinserción de menores que pasan su tiempo en la biblioteca, trabajando en ella o estudiando para sacarse un título, como condena para pagar su culpa. Y funciona.

De encontrar a alguien que te acompañe a la denuncia de un maltrato, porque acudir a la policía  no es tan sencillo como en nuestro país

Posibilidad de vivir buenos momentos, en lugar de sobrevivir como sucede en muchas zonas del país que no se muestran en los documentales de televisión, que solo enseñan los maravillosos paisajes de los que gozar, los volcanes que te dejan obnubilada y el agua que cae casi todos los días: continuos diluvios que borran las penas por todo lo bello que brindan.

Bibliotecas municipales, universitarias y también escolares, que se convierten en puntales fundamentales no sólo en la educación de los niños y niñas, sino en el funcionamiento de todo un barrio, por muy precario que sea, y en el rodar de la sociedad al completo.

Les interesaba de mi estancia allí que les hablara de todo lo que trabajamos en nuestras bibliotecas con bebés y embarazadas, porque era un tema poco tratado por aquellos lares. Su filosofía radica en que los niños y niñas acuden solos a las bibliotecas, entre otras cosas, porque tampoco existen muchas mejores formas de ocio que sean próximas a sus casas y gratuitas.

En cambio, allí se vuelcan ingentes esfuerzos sobre las personas mayores, “adultos mayores”, les denominan, y es que hay un respeto supremo por la gente de la tercera edad. Tienen privilegios en todos los aspectos: desde el uso de la universidad (pueden acudir a las clases que deseen pagando un precio simbólico anual), hasta pasar en primer lugar ante cualquier cola del supermercado, el banco o el comedor escolar. Decenas de personas se levantan cuando un mayor adulto entra en un autobús. Nadie deja que una persona mayor cruce una carretera sin acompañarle. “Es el respeto a los que han conseguido que hoy estemos nosotros aquí, y si no han podido disfrutar de ciertas cosas en su momento, ahora tienen el tiempo y nosotros hemos de poner los medios para que lo hagan”, me comentaban, donde fuera, en una filosofía de vida que ronda en torno al cuidado de los mayores, incluso renunciando a amores, estudios o trabajos si un padre o una madre te necesita.

IMG-20180827-WA0019Y claro… Hablé de lo que supone poder leer antes de nacer, de nuestras experiencias aquí, de nuestros inicios y problemas para poner en marcha este tipo de proyectos y de las satisfacciones que ahora nos proporcionan cuando ya han pasado 13 años de la primera bebeteca en Villena. Y me lo prepararon todo para que lo hiciera a lo grande, y me invitaron a impartir la Conferencia Inaugural del II semestre del curso académico de la UCR, el 23 de agosto, en un paraninfo que me imponía por su inmensidad, con la asistencia de la Decana y del Rector de la UCR y de muchos alumnos y alumnas de Bibliotecología, pero también de Magisterio que se interesaron por la conferencia que denominé “Leer antes de nacer”

Pero eso sólo fue el comienzo, porque después me invitaron a la Sede de San Pedro, de la misma UCR, y allí hablamos de “Nuevos retos de lectura desde antes de nacer”, y la Escuela de Psicología de la UNED pensó que una parte de este trabajo estaba muy relacionado con todo el tema de sinapsis neuronales que se producían en los bebés y madres gestantes

y me invitaron a un Conversatorio entre profesionales (una práctica muy común allí), que tenía el enrevesado título de “Sensibilización de habilidades de lectura desde un modelo integral e inclusivo de intervención” dirigido a profesores de todas las ramas de educación y psicología y en el que se extrajeron conclusiones muy interesantes.

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Pero si hubo una actividad que me emocionó, por el esfuerzo que tuvieron que hacer esas mujeres para ir a escucharme, fue el taller que se llevó a cabo en la Biblioteca Pública de Hatillo, gracias a su director, el increíble “Óscar que todo lo puede”, porque sin demasiados medios, con una biblioteca grande pero un tanto desangelada y enclavada en un entorno catalogado como “peligroso”, había logrado una biblioteca muy viva, con un trasiego de gente ingente, que propiciaba un ambiente familiar y de alegría que se terminaba en cuanto abrías la puerta para salir y volvías a pisar el suelo del barrio en el que se encontraba. Una biblioteca que te proporcionaba libros, lecturas, acceso a internet, cursos de todo tipo…..¡y también nísperos!, pues contaba con una zona inmensa de árboles frutales al alcance de quienes necesitaran de sus frutos.

Allí llevé a cabo un taller práctico titulado “Leyendo desde la pancita: aprenda técnicas lectoras para estimular el desarrollo del bebé durante el embarazo”, y las mujeres embarazadas acudieron, algunas de ellas tras tres horas de viaje por carreteras difíciles de transitar, bajo un aluvión de agua y teniendo que madrugar muchísimo… ¡solo para escuchar lo que podía decirles que fuera útil para su futuro bebé! Fue el momento que más miedo pasé. ¿Y si sus esfuerzos no merecieran la pena? Pero si no lo merecieron no me lo hicieron saber, y se fueron muy contentas, ilusionadas por conocer que ellas tenían el poder en su propia barriga y que lo mejor para iniciar un buen proceso lector en sus bebés es la confianza y la afectividad que se le brindan a las criaturas desde casi el mismo momento de la concepción y que eso no cuesta dinero ni necesita de profesionales, sino de madres bondadosas e interesadas en el crecimiento de sus bebés como eran ellas.

Y compartí muchos ratos de charlas con bibliotecarios escolares, con profesores de la carrera, compartiendo visiones y debatiendo posibilidades. Y aprendí mucho de las actividades que se hacían con los mayores gracias a los trabajos de Marcela Gil que me formó con su proyecto tc-673 “Las bibliotecas como promotoras del envejecimiento activo saludable”, que había sido el trabajo ganador del Premio Nacional de promoción social del año 2016, y también del taller práctico sobre lo que las bibliotecas pueden hacer con las personas mayores en la biblioteca de Hatillo, o las revisiones sistemáticas sobre bibliografía y textos en torno a este tema tan inmenso y tan poco trabajado en mi biblioteca.

Y mientras, además, tuve el honor de compartir charla y conferencia con Adolfo Roitman, el curador de los rollos del Mar Muerto, que me habló de preservación de fondos, y por supuesto el conocimiento de decenas de autores quicos gracias a la Feria del Libro que se celebró y que me dio una visión bastante fiel de lo que es el mundo editorial en Costa Rica, la asistencia al I Simposio Internacional sobre Recuperación del Sujeto en Educación, muy ligado al conocimiento del funcionamiento de la mente desde que nacemos con respecto a cómo aprendemos, y decenas de visitas a colegios, bibliotecas escolares, universitarias, públicas, etc., destacando la visita a la Biblioteca Nacional, donde dejé un rastrito de mi ciudad gracias a los minutos que me ofrecieron para hablar de Villena en la “Sala España”, sobre nuestras fiestas y nuestro tesoro y donde desde ahora se alojan los documentos que brevemente hablan de ello, acompañada, muy a menudo, de la inestimable máster Lorena Chaves, que se preocupó por intentar que mi estancia fuera lo más fructífera posible, presentándome gente y sobre todo bibliotecarios, pero también a muchos profesores como Cristina, Rolando, Ramón, Magda, Jairo, Iria, Ricardo, Ginnette, Esteban, M.ª Lourdes, Daniela, Dessiré, sin olvidarme del alumnado que siempre me propició mucha información y del personal administrativo y de mantenimiento de la Escuela que me colmó de mimos, atenciones y dulces, que eran mi debilidad.

Y entre cafés, mucho café a toda hora, casados, arreglados, patacones y fresquitos, viví durante un mes lo que puedo denominar la mejor experiencia real de conocimiento bibliotecario de otro país experimentada hasta ahora por mí, que me ha servido no sólo para replantearme cosas en el trabajo y lo que nos falta por caminar todavía en ello, sino también un “reseteo” en mi vida personal, porque he conocido y vivido situaciones que desgarraban el corazón y que, de verdad, te hacen plantearte la vida como lo que debería ser ¡Pura vida!

Autora: Ana Valdés Menor. Técnico Medio de las Bibliotecas Públicas Municipales de Villena, encargada de las actividades de animación de las bibliotecas, especialmente las dirigidas a los bebés. Reparte su tiempo con la tutoría en el @teneo de la UOC, dirige un programa de radio local “La música que esconden los libros” y coordina un club de lectura poco clásico en la librería Ítaca, denominado “Entrelibros”.

E-mail: anamos68@gmail.com

http://www.villena.es/biblioteca/informacion/

E-mail: biblioteca@villena.es

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2 Comments. Leave new

ROLANDO HERRERA
11/01/2019 6:28 pm

Gracias Ana por tu amable visita, puedes estar segura que nosotros aprendimos mucho, es una experiencia única y recomendable viajara para hacer y participar, proponer y traer propuestas.
Un fuerte abrazo.

Ana Valdés
19/02/2019 9:40 pm

Gracias, Rolando. Aprendí muchísimo de y con vosotros. Espero que mantengamos los canales de comunicación para seguir aprendiendo unos de otros. Muchas gracias por vuestra gran acogida. Un abrazo.

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